Unos 200 cantores de villancicos apenas comenzaban el segundo verso de la clásica canción navideña “The Friendly Beasts” cuando a una niña pequeña se le salió un chillido de emoción. A unos 6 metros, debajo del balcón, en el suelo del granero abovedado, dos de las seis vacas lecheras se daban cabezazos. Mientras las vaquillas levantaban los cuernos, su forcejeo juguetón parecía una muestra de alegría navideña.

El sábado, Churchtown Dairy, una granja lechera en Claverack, Nueva York, acogió de nuevo una tradición navideña: cantar villancicos al rebaño de 28 vacas que tienen su hogar invernal en este establo que parece una catedral. Lo que empezó hace una década como una forma de celebrar al ganado para el personal de la granja y sus familias se ha convertido en una tradición anual que cada diciembre atrae a lugareños y forasteros a esta propiedad de 100 hectáreas.

Este año, la preinscripción para las dos presentaciones de villancicos se llenó a las pocas horas de que se publicara en línea. El personal de la granja atendió llamadas telefónicas de aspirantes a cantores de villancicos frustrados, algunos de los cuales se quejaron de que una publicación en Instagram había hecho que el evento estuviera más concurrido.

“Estamos pensando en añadir una tercera noche el año que viene para dar cabida a todo los interesados”, dijo Grace Pullin, directora de alianzas y programas de Churchtown.

El sábado, asistieron varios cantores de villancicos que ya habían ido otros años. Ashlyn St. Ours, de 33 años, que asistió a su primera noche de villancicos el año pasado, dijo que era una “tradición muy querida”. Este año, incluso lo mencionó en su carta anual de Navidad.

Otra participante, Sharon Mclees, de 64 años, lleva seis años asistiendo. Mclees, que creció rodeada de vacas, contó que se siente reconfortada por la tranquilidad de Churchtown. “Me encanta el ambiente de granja”, afirmó. “Es como volver a la naturaleza”.

Churchtown Dairy fue fundada en 2012 por Abby Aldrich Rockefeller, nieta del magnate John Rockefeller, pero la propiedad ha estado en manos de su familia desde hace décadas. Su madre, Peggy Rockefeller, compró el terreno como parte de una adquisición mayor de poco más de 1000 hectáreas por parte de American Farmland Trust, una organización agrícola sin fines de lucro que fundó en 1980.

Abby Aldrich Rockefeller se asoció con el arquitecto Rick Anderson para diseñar la granja, incluso viajó por el país visitando graneros en busca de inspiración. Para ella, la bóveda es señal de una granja sana y biodinámica. En el evento del sábado, Anderson explicó que su forma tenía un propósito más práctico: “Las vacas odian las esquinas”.

La lechería no es única en su tradición de villancicos; a pocos kilómetros por la autopista Taconic State Parkway, Hawthorne Valley Farms lleva 40 años cantando a su ganado en un evento más pequeño en Nochebuena. Cada miembro del personal de Churchtown tiene una teoría diferente sobre los orígenes de esta práctica. Pullin sugirió que tal vez estaba inspirado en la obra del filósofo esotérico alemán y pionero de la agricultura biodinámica Rudolph Steiner, quien afirmaba que los cuernos de las vacas tenían “poderes formativos astrales-etéreos”. Eric Vinson, encargado del rebaño en la granja, hizo referencia al viejo mito europeo de que los animales pueden comunicarse con los humanos en Navidad. En contextos más contemporáneos, unos científicos de la Universidad de Leicester descubrieron que las vacas producían más leche cuando se les tocaban canciones con menos de 100 beats por minuto (“Everybody Hurts”, de R. E. M., pareció gustarles mucho).

Por tanto, los villancicos, con su ritmo mesurado, quizás propicien la felicidad del ganado..

Para quienes lograron obtener un sitio en las vigas del granero, la velada fue una celebración de las vacas: sus mugidos majestuosos, su pintoresco hábitat y su leche sin pasteurizar, que Churchtown vende a 6 dólares por poco menos de 2 litros, más 2 dólares por el depósito de la botella.

La situación legal de la leche no pasteurizada, o cruda, varía de un estado a otro; en Nueva York, las granjas pueden vender leche cruda directamente a los consumidores. Los expertos en salud aluden al riesgo de enfermedades alimentarias causadas por virus como la salmonela, la listeria, el Campylobacter y la Escherichia coli, que normalmente se eliminan en el proceso de calentamiento o pasteurización de la leche.

Durante una visita a la granja unas horas antes de los villancicos, Vinson describió las precauciones que se toman en Churchtown Dairy, como las pruebas periódicas y el tratamiento de las ubres de las vacas con una solución yodada. También ensalzó los supuestos beneficios de la leche: “La leche no pasteurizada es un alimento probiótico vivo. Sigue teniendo las bacterias buenas que ayudan a inocular el intestino y a fortalecer la microbiota intestinal”.

Los entusiastas de la leche cruda son capaces incluso de cruzar fronteras: Nora O’Rourke, de 54 años, y Michael Leone, de 61, fueron en auto desde su casa en Rockaway Township, Nueva Jersey, donde la leche cruda es ilegal, hasta Warwick, Nueva York, en busca de productos lácteos no pasteurizados.

Pero no todos los asistentes iban por la leche: Michael O’Gara, de 70 años, miembro del Hudson Community Choir, se lamentó de que ya no la tolera tan bien como antes. Más bien, él y su esposa, Bonnie, de 67 años, junto con otros miembros del coro, estaban allí para dirigir al grupo en el canto.

Los cantores de villancicos, provistos de cancioneros ilustrados, empezaron con clásicos navideños —“La primera navidad”, “Noche de paz”, “El rey nació”— antes de que Pullin invitara a los asistentes a pedir canciones. Hubo gritos de “Free Bird”, pero el público acabó inclinándose por “Feliz Navidad” como el número final de la noche.

Las vacas movieron la cola en señal de agradecimiento —o tal vez estaban apartando el heno suelto— y, por un momento, el mito pareció cobrar vida: animales y humanos comunicándose en Navidad.

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